Publicado originalmente en Animal Político

Por: Diego de la Mora Maurer

Entre todo lo que le ha salido mal, el año pasado el gobierno mexicano hizo algo bueno: creó un programa de apoyo a la agricultura a pequeña escala. Lo anterior significa que, en 2016, se están gastando un poco más de 6,200 millones de pesos en apoyar proyectos que incentiven la producción de alimentos en extensiones no mayores de 20 hectáreas.

Desde Fundar celebramos la creación de dicho programa y también celebramos que este año se haya anunciado la fusión del programa de productividad rural con el programa de apoyo a la pequeña agricultura. Lo que no celebramos es que se haya anunciado un recorte de casi 4,000 millones de pesos para los programas que se fusionaron.

Y en lo que tampoco estamos de acuerdo es en que a pesar de la creación de nuevos programas, la política pública hacia el campo se siga operando como siempre: la evaluación del programa coordinada por el Consejo de Evaluación de la Política Social (CONEVAL) recomienda que el programa de apoyo a los pequeños productores identifique con claridad su población objetivo e incorpore una visión integral de la política hacia la agricultura.

Este año, el programa de apoyo a pequeños productores tiene un presupuesto de 6,200 millones de pesos. Según nuestros cálculos, si a cada productor se le otorgara un subsidio de 15,000 pesos, se podrían estar apoyando a 413,333 personas. Un subsidio de esa naturaleza, bien canalizado, podría cambiar no sólo la situación productiva de quienes lo reciben, sino que también dinamizaría la economía de las regiones y territorios del país.

Más allá, si la fusión de los dos programas aludidos en el programa de apoyo al pequeño productor también fusiona sus presupuestos, aún con el recorte se tendrán alrededor de 12,000 millones de pesos para el año que viene. Si se reparten de la misma forma, es decir, si a cada persona apoyada se le da un subsidio de 15,000 pesos, se podrán apoyar a 800,000 productores.

Una política que apoye realmente a 800,000 productores y productoras de pequeña escala con dichos montos, realmente podría modificar la economía del país y activar el potencial productivo de miles de campesinas y campesinos que hoy subsisten con apoyos de 1,000 pesos por hectárea (cuando les va bien y están en el padrón de Proagro) y que llegan tarde, después de la cosecha.

Además, el programa puede incluir incentivos para la organización de las y los campesinos (con lo cual pueden reducir sus costos de producción), para que incorporen prácticas agroecológicas y estar orientado de forma integral para que apoye toda la cadena de producción, comercialización y consumo. Si se construye así, entonces no sólo se estará mejorando la vida de las y los campesinos y sus familias, sino también la alimentación de millones de personas que viven en las ciudades y el medio ambiente.

Está en manos de la Secretaría de Agricultura realizar estas mejoras. Es momento de exigirles una política hacia el campo más justa, equitativa, redistributiva y sostenible.

@FundarMexico