Publicado originalmente en Animal Político

Por: Diego de la Mora Maurer

La situación en el campo mexicano es crítica: de acuerdo a los datos publicados recientemente por CONEVAL, en las zonas rurales del país viven 17 millones de personas en situación de pobreza. Las cifras son escandalosas: del total de la población rural, 80% de tiene carencias de seguridad social, 58% tiene carencias por acceso a servicios básicos de la vivienda y 32% tiene carencias alimentarias.

Detrás de estos porcentajes hay personas que han sufrido las consecuencias de una serie de políticas específicas que, desde principios de la década de los noventa, no han logrado distribuir los recursos públicos y que, al paso del tiempo, se han concentrado en pocas manos.

El proyecto de Subsidios al Campo en México ha documentado cómo, en el caso de las políticas públicas para el sector agrícola, muchos de los programas de subsidios han sido regresivos (benefician más a quienes más tienen), están concentrados en los estados del norte y occidente del país, y no cumplen cabalmente con el propósito de incrementar la productividad agrícola.

Ante estas y otras evidencias sobre el uso de los recursos públicos para el campo en México, un grupo de organizaciones impulsamos la Iniciativa Valor al Campesino para contribuir a que las y los campesinos sean revalorizados y fortalecidos por las políticas públicas y por la sociedad, y para que se les reconozca el papel central que tienen en la economía, la producción de alimentos saludables y la conservación del medio ambiente en el país.

Este reconocimiento central de las actividades campesinas parte de que sabemos que son las y los agricultores en pequeña escala quienes generan 39% de producción agropecuaria nacional y de que reconocemos su potencial productivo: según datos del Banco Mundial, el valor agregado por trabajador en el sector agrícola mexicano, en dólares constantes, aumentó 52% entre 1980 y el 2010. En el mismo periodo, el mismo indicador para Brasil aumentó 3.8 veces y, para Chile y China, 2.6 y 3.0 veces.

Una de las primeras propuestas de la Iniciativa Valor al Campesino, que retomamos de una vieja demanda de las organizaciones rurales en México, fue la de integrar un programa de apoyo específico para la agricultura en pequeña escala. Esa demanda, afortunadamente, ya era compartida por las y los servidores públicos de las Secretarías de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y fue integrada dentro de la Estructura Programática para el Presupuesto de Egresos de la Federación 2016 que la SHCP entregó a la Cámara de Diputados el 30 de junio de 2015.

El Programa de Subsidios S266, “Programa de Apoyos a Pequeños Productores”, es una buena noticia porque integra una serie de apoyos -que hoy están dispersos- en un esfuerzo conjunto desde distintas secretarías y dependencias del gobierno federal. Sin embargo, para que esto realmente suceda, ahora es menester que dicho programa cuente con objetivos y actividades suficientemente ambiciosas para que llegue al mayor número de personas posible y que se le asignen los recursos necesarios para apoyar a una población que podría llegar a más de 3,700,000 personas que viven y trabajan en las zonas rurales.

La administración actual ha mejorado las condiciones de soberanía alimentaria del país. Hoy, como no ocurría desde hace casi 20 años, ganamos más por las exportaciones de alimentos de lo que gastamos en importarlas. Si estos resultados son complementados con un programa ambicioso de impulso de las y los campesinos con pequeñas propiedades, las sinergias generadas podrán mejorar la vida de millones de personas.

El 31 de julio las dependencias tienen que entregar las matrices para los nuevos programas de la Estructura Programática a la SHCP. No hay tiempo que perder.

* Diego de la Mora Maurer es coordinador del área de Presupuestos y Políticas Públicas de @FundarMexico