El análisis del presupuesto para el campo en México arroja resultados preocupantes para el desarrollo productivo y la calidad de vida de las y los campesinos en México. Por un lado, los recursos que se distribuyen en el sector rural a través del Programa Especial Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable aumentaron considerablemente en el periodo 2003-2015 (162%), mientras que las condiciones de pobreza en la que viven las y los campesinos no se modificaron sustancialmente.

Por otro lado, la distribución del presupuesto que llega a las y los campesinos ha privilegiado la vertiente social por encima de la vertiente productiva. Lo anterior se refleja en que los recursos dirigidos al campo se gastan, en mayor medida, a través de las instituciones que promueven el desarrollo social (como la secretarías de educación y salud) y menos a través de las dependencias de desarrollo productivo (como Sagarpa o Semarnat).

Por último, los recursos para el campo están concentrados geográficamente en algunos pocos estados del norte y del centro del país y son regresivos, es decir, privilegian a los productores con grandes extensiones de tierra por encima de los productores a pequeña escala.

Ante dicho escenario surgen diversas preguntas cuyas respuestas pueden contribuir a mejorar la política pública para el desarrollo del campo en México:

¿Cómo mejorar la concurrencia de los programas públicos?

¿Cómo superar la concentración y regresividad del gasto productivo?

¿Cómo apoyar productivamente a los pequeños productores?

¿Cómo transitar de los apoyos individuales a los apoyos en bienes públicos?

¿Cuál debe ser el papel del extensionismo y la capacitación en la política pública?